Maurice Edmond Saillant (Angers, 1872- ParĂs, 1956), mĂ©s conegut com a Curnonsky, PrĂncep dels Gastrònoms, va ser un escriptor, periodista i gastrònom. Va escriure en diverses publicacions sobre els valors de la cuina burgesa i regional. Malgrat ser un gran treballador de les lletres, atesa la seva prolĂfica carrera com a escriptor i articulista, els seus escrits traspuen l’elegĂ ncia i la indulgència d’un nen mimat de casa bona.
Va ser nomenat PrĂncep dels Gastrònoms el 1927 en una època en que a ParĂs es va posar de moda donar el tĂtol honorĂfic de “prĂncep” a tota mena d’oficis. AixĂ trobem el prĂncep dels poetes – MallarmĂ© -, el prĂncep de l’humor – Gabriel de Lautrec – i el prĂncep de la cançó – Xavier Privas –
En aquells anys la gastronomia, a França, viu un esclat important. Es crea l’AcadĂ©mie des Gastronomes, en la que Curnonsky Ă©s un membre destacat. Al final dels seus dies havia reunit una colla de tĂtols tan curiosos com:
- President de l’Acadèmia dels Gastrònoms
- Secretari Perpetu dels Psicòlegs del gust
- President dels amics de Cuisine et Vins de France
- Membre de l’associació dels gastrònoms regionalistes
- Membre d’honor del club dels Purs-Cent
- Membre fundador del “Sopar del 15”
- Membre del “Sopar del 14”
- …..
Definitivament, tĂtols que poc li podien servir a nivell prĂ ctic, però que el tenien ben distret.

El curiĂłs nom, Curnonsky, Ă©s el pseudònim amb què firmava els seus articles gastronòmics. Sembla ser que la seva famĂlia no trobava que el seu ofici, el d’escriptor, fos un ofici prou seriĂłs per signar amb el nom de famĂlia. El dia que pensava com “dir-se” en els diaris, el seu amic Allais li va comentar que a França, arran del tractat d’amistat franc-rus, hi havia certa simpatia per tot allò que era rus. El rus estava de moda. Strawinsky oferia un concert durant aquells dies. Sailland va pensar “I si em poso un nom que acabi amb sky?”, que si ho traduĂŻm en un francès col·loquial, en una conversa de cafè, vindria a ser: “Cur non sky”. D’aquĂ ve el nom.
Estic llegint un llibre que he rescatat de la lleixa. “Recuerdos Gastronómicos” de Curnonsky. Clar. I m’ha abellit fer-vos venir ganes de recuperar la figura d’aquest gran gastrònom.
La pena és que aquest llibre, una edició compilada per Josep M. Blasi, no és fà cil de trobar, com tampoc una de les herències del meu avi, aquest sensacional llibre de receptes clà ssiques.
Us transcric un tros del seu magnĂfic article “Los partidos en gastronomĂa” que segur que us desperta el cuquet per conèixer l’obra de Curnonsky. És llarg i Ă©s en castellĂ , però passa molt bĂ©.
En gastronomĂa hay una extrema derecha, una derecha, un centro, una izquierda y una extrema izquierda.
Extrema derecha.- Los fervientes de la “gran cocina”, de esa cocina sabia, refinada, un tanto complicada, que exige un gran chef y una materia primera de gran calidad, de esa cocina que podrĂa llamarse cocina diplomática: la de las embajadas, los grandes banquetes y los palacios. Una cocina que, a menudo, los hoteles de lujo se limitan a parodiar.
Derecha.- Los defensores de la “cocina tradicional”, aquellos que sólo admiten el fuego de leña y los platos premiosamente elaborados, que han establecido como principio que sólo se come bien en la propia casa, seis u ocho comensales, cuando se tiene una vieja cocinera sirviendo en la familia desde hace treinta años, una bodega con vinos de “antes de la filoxera”, aguardientes escogidos por un bisabuelo, un huerto y un gallinero propios.
Centro.- Los aficionados a la cocina burguesa y a la cocina regional. Gente que admite que, a pesar de los pesares, se puede comer bien en un restaurante y que aún quedan, en casi todos los rincones de Francia, buenas fondas y excelentes hoteles en donde no se usan los fondos de salsa y en los que la mantequilla es mantequilla. Estos “centristas” conservan y custodian el gusto de nuestros buenos platos franceses, de nuestros manjares y de nuestros vinos regionales. Exigen que las cosas “tengan el sabor de lo que son” y que jamás sean adulteradas ni alambicadas.
Izquierda.- Los partidarios de la cocina sin cursilerĂas ni complicaciones y, por asĂ decir, para salir del paso. Defensores de la cocina que se puede hacer en poco tiempo y con lo que se tiene a mano. Son gente que se conforma encantada con una tortilla, una costilla bien asada, una chuleta en su punto, un estofado de conejo y hasta con una tajada de jamĂłn o de salchichĂłn. No proscriben las conservas, sino que proclaman que una buena sardina en aceite tiene su encanto y que tal marca ofrece alubias verdes en lata tan buenas, por lo menos, como las frescas. Buscan pequeños establecimientos en los que el patrĂłn cocina personalmente. Les encanta descubrir, por ejemplo, un modesto restaurante llevador por un provinciano que recibe los embutidos de su pueblo. Preconizan la cocina del campo y esos vinos del paĂs tan divertidos. Son un poco los nĂłmadas de la gastronomĂa, y yo creĂ© el neologismo de “gastronĂłmadas” pensando sobre todo en ellos.
Extrema izquierda.- Los fantasiosos, los inquietos, los innovadores, esa gente a quienes NapoleĂłn hubiese llamado ideĂłlogos. Siempre buscando nuevas sensaciones y placeres desconocidos. Con curiosidad por conocer todas las cocinas exĂłticas, todas las especialidades extranjeras o coloniales, quisieran probar los manjares de todos los tiempos y todos los paĂses. Pero su caracterĂstica principal es que les gusta inventar nuevos platos. A veces, uno se encuentra en este grupo con personalidades de gran valor, aunque un punto inquietantes; espĂritus libertarios – con la diferencia de que, en este caso, a los anarquistas les horrorizan las bombas (helado en forma de pirámide), postre que para ellos resulta demasiado clásico, un plato pasado de moda -. AsĂ que este partido tiene sus santos y sus mártires. Hace una treintena de años, un gastrĂłnomo de esta especie decretĂł que el color de los guisantes era de un verde demasiado anodino y decidiĂł poner a punto unos guisantes verde cĂ©sped. Primero los tratĂł con agua oxigenada, para favorecer, segĂşn Ă©l, el “mordentado”, y seguidamente con una fuerte dosis de verde malaquita mezclado con algunas virutas de hierro. Luego, satisfecho del resultado y con un apetito voraz producido por sus numerosas noches en vela, se comiĂł una libra de aquellos guisantes de la casa…Cuando ocho dĂas despuĂ©s, fui a verle al hospital, parecĂa que empezaba a experimentar una ligera mejorĂa, pero la intoxicaciĂłn estuvo a punto de llevar a nuestro investigador a comer otras hierbas…por la raĂz.
Genial!
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Ada Parellada (Granollers, 1967) va néixer a la Fonda Europa de Granollers. La cuina, les aromes i el plats l’han envoltada des del dia que va treure el nas a aquest món. Potser perquè ho ha vist de sempre l’ha fet el seu ofici, a 
